
Viacrucis
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En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo
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Acto de Contrición
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno.
Propongo firmemente no volver a pecar y confío que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna.
Amén.
Las siete palabras de Jesús den la Cruz
(Meditémoslas, imaginemos a Jesús en el calvario, crucificado)
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«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». ...
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«Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso». ...
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«Mujer, ahí tienes a tu hijo. ...
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« ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». ...
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«Tengo sed». ...
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«Todo está cumplido». ...
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«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».
Primera estación:
Jesús es condenado a muerte.
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Pilato les preguntó: « ¿y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» Contestaron todos: «¡que lo crucifiquen!» Pilato insistió: «pues ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban más fuerte: «¡que lo crucifiquen!» Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. (Mateo 27, 22-23.26)
Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Por tu sentencia injusta, perdón señor piedad, si grandes son mis culpas,
mayor es tu bondad
Segunda estación:
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Jesús con la cruz a cuestas
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha.
Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!». Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. (Mateo 27, 27-31)
Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Por tu cruz y tus clavos, perdón señor piedad, si grandes son mis culpas
mayor es tu bondad
Tercera estación:
Jesús cae por primera vez
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron.
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Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. (Isaías 53, 4-6)
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Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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Por tu primera caída, Perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
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Cuarta estación:
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Jesús encuentra a su Madre
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma». Su madre conservaba todo esto en su corazón. (Lucas 2, 34-35.51)
Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Por tu madre santísima, perdón señor piedad,si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
Quinta estación:
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El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.
Jesús había dicho a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga». (Mateo 27, 32; 16, 24)
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Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Por tu agonía en el huerto, perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
Sexta estación:
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La Verónica enjuga el rostro de Jesús
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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No tenía figura ni belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado. ( Isaías 53, 2-3)
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación. (Salmos 26, 8-9)
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Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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Por tu pasión y muerte, perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
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Séptima estación:
Jesús cae por segunda vez
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Yo soy el hombre que ha visto la miseria bajo el látigo de su furor. El me ha llevado y me ha hecho caminar en tinieblas y sin luz. Ha cercado mis caminos con piedras sillares, ha torcido mis senderos. Ha quebrado mis dientes con guijarro, me ha revolcado en la ceniza. (Lamentaciones 3, 1-2.9.16)
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Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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Por tu humildad profunda, perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
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Octava estación:
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí,
llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán:
«dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado».Entonces empezarán a decirles a los montes:
«Desplomaos sobre nosotros»; y a las colinas: «Sepultadnos»; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco? (Lucas 23, 28-31)
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Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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Por tu gran inocencia, perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
Novena estación:
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Jesús cae por tercera vez
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. Que se sienta solitario y silencioso, cuando el Señor se lo impone; que ponga su boca en
el polvo: quizá haya esperanza; que tienda la mejilla a quien lo hiere, que se harte de oprobios.
Porque el Señor no desecha para siempre a los humanos: si llega a afligir, se apiada luego según su inmenso amor. (Lamentaciones 3, 27-32)
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Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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Por tu pasión y muerte, perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
Décima estación:
Jesús es despojado de las vestiduras
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. (Mateo 27, 33 -36)
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Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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Por tu cruz y tus clavos, perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
Undécima estación:
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Jesús es clavado en la cruz
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el Rey de los judíos».
Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza:
«Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo;
si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».
Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo:
«A otros ha salvado y él no se puede salvar.
¿No es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos». (Mateo 7, 37-42)
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Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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Por tu paciencia inmensa, perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
Duodécima estación:
Jesús muere en la cruz
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde Jesús gritó: «Elí, Elí lamá sabaktaní», es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo algunos de los que estaban por allí dijeron: «A Elías llama éste».
Uno de ellos fue corriendo; enseguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo». Jesús, dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios». (Mateo 27, 45-50. 54)
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Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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Por tu Pasión y muerte, perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
Decimotercera estación:
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Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios». Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle. (Mateo 27, 54-55)
Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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Por tu Madre santísima,perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
Decimocuarta estación:
Jesús es puesto en el sepulcro
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Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una
piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
(Mateo 27, 59-61)
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Se reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
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Por tus sagradas llagas,perdón señor piedad, si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad
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ORACIÓN FINAL.
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Dígnate, Señor, mirar por esta tu familia, por la cual nuestro Señor Jesucristo no vaciló ser entregado en manos de los malvados y sufrir el suplicio de la Cruz. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos.
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Amén.













